Publicado y Escrito por: Alma González

Coach de vida y alimentación consciente y Fundadora de Ama tu cuerpo con Alma

Solo amando a los alimentos,

dejarás de obsesionarte con comerlos o no comerlos…

Es increíble la repulsión o el exceso de dependencia que generamos hacia ciertos alimentos. Los alimentos son elementos de la vida y de manera nutrimental los podríamos clasificar como “saludables y no saludables”, eso a nivel nutrimental y en una consciencia muy superficial. En un nivel más profundo de percepción, cualquier alimento nos ayuda a conocernos, a descubrirnos y a expandir nuestra consciencia.

 

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Si vamos un poco más a fondo, los alimentos nos impactan e influyen a nivel emocional y mental. De ahí que un alimento sea mucho más que “algo tangible que me alimenta”. Un alimento crea vínculos, establece asociaciones de lugares, sentimientos, cosas, personas, olores, momentos, etc. Por eso es que estamos tan apegados y en algunos casos “obsesionados” con querer esconderlos para no pecar porque nos pueden engordar… o que no podamos parar de comerlo e incluso más que comerlo de necesitarlo.

Como humanidad y sociedad moderna, en este ruido industrial del mundo fitness, de la belleza y de la propia alimentación, necesitamos mirar más allá de lo superficial. Más allá de catalogar a los alimentos como buenos o malos, saludables o no saludables, nutritivos o no nutritivos; porque no nos hemos dado cuenta que los alimentos son elementos que nos acompañan (además de nosotros y nuestro cuerpo) todos los días por lo menos 2-3 veces al día y lo que es peor que vivimos enemistados con ellos, en lucha constante, en resistencia, en restricción, en abuso o en exceso.

 

No estoy diciendo con esto que no hay alimentos de mejor calidad nutrimental que otros, lo que estoy diciendo es que hay más que solo la parte nutrimental.

Está la parte emocional, social, personal, intelectual y espiritual

asociada de una persona con el alimento en cuestión.

Recuerdo el caso de una chica que atendí en mi programa de Adiós Kilos con Amor y vivía restringiéndose de las “papitas, en especial de las Ruffles Verdes”. Trabajando durante el programa hicimos un ejercicio para liberar de la culpa a su alimento favorito culposo, que en este caso eran las Ruffles. Pudo descubrir que cada vez que comía unas de esas papas, la sensación era de sentirse en familia, sostenida y contenida por sus hermanos, en momentos de alegría en específico cuando salían de viaje por carretera. Y los momentos en los que más se le antojaban eran aquellos en los que se sentía triste, sola y necesitaba un apapacho.

¿Puedes imaginarte lo que sucedía en su sistema emocional y nervioso, en los momentos en los que se sentía sola, triste y se restringía o privaba de este alimento? El cuerpo en la búsqueda de la compensación de ese sentimiento al ver que no recibe el elemento o la herramienta que lo va a calmar o saciar, reacciona desde el estrés, desde el instinto de supervivencia. Si el alimento pudiera hablar diría: necesito afecto y eso que me produce la sensación de saciar el afecto no está. Esto es algo grande para ti como ser humano, es un choque para el cuerpo, es un choque para el vacío emocional que se vive y es un choque para la mente que está en la lucha de lo necesito pero no lo puedo obtener.

 

Así es como el cuerpo entra en total estrés, comienza a generar una hormona llamada cortisol y esto como consecuencia propicia a la acumulación de grasa en el cuerpo como un medio coherente de protección ante tal situación de tristeza o soledad y de otras sustancias químicas en el cerebro que son las causantes de la dependencia.

 

Liberar de la culpa a los alimentos por que nos “engordan” (que en realidad depende desde que creencia lo comas si engordas o no, pero eso será tema de otro artículo), hacer las paces con ellos, ampliar nuestra visión en que son más que comida que nos mantiene con vida, dejar de luchar entre la restricción o el exceso de comerlos o no comerlos, te va a llevar a un punto de partida diferente, a una relación más amistosa con ellos y por lo tanto de tolerancia, amor y libertad para contigo mismo.

 

El secreto de la gordura o delgadez, de la salud o la enfermedad, no está en los alimentos, sino en cómo tú te relacionas con esos alimentos, porque dependerá lo que creas, pienses, sientes sobre tu forma de alimentarte, que tu cuerpo lo traducirá como una amenaza o como un agente natural que tu cuerpo fácilmente lo digerirá sin necesidad de traducirlo como una enfermedad.

 

Bajo esta teoría que he experimentado en mi misma durante varios años sería igual de peligroso un apio que una bolsa de papitas y al mismo tiempo sería igual de grandioso para la expansión de tu consciencia esos mismos alimentos. Tomando el caso de la chica que vino al programa de Adiós Kilos con Amor, las Ruffles verdes, fueron la fuente de autodescubrimiento y de sanación con relación a su tristeza y sentimiento de vacío o soledad. Suena quizá romántico y todos los aficionados al mundo de la nutrición probablemente estarán en desacuerdo, pero mi punto es que no alcanzamos a ver que lo que estaba acumulando en el cuerpo esta chica a modo de grasa, no solo eran las grasas trans de las papitas, sino la soledad, añoranza, tristeza y todos aquellos pensamientos que se generaban alrededor de ese alimento o de esos sentimientos de vacío que tenía.

 

Entonces, ¿Las papitas fueron malas? Depende desde donde lo quieras mirar. Porque desde esta mirada de auto descubrimiento y de expansión de consciencia, lo que sucedió es que cada vez menos era la dependencia de esta chica con las papitas incluso cuando sentía soledad. Al ser consciente de que lo que tenía que mirar era la soledad, las papitas se volvieron cada vez menos necesarias y ella en su capacidad de amar su propia soledad fue desplazando a la grasa de su cuerpo.

 

El vínculo de dependencia se deshace cuando ya no es necesario y no sólo en la alimentación sino con cualquier situación.

La dependencia con los alimentos en el plano físico se podría traducir como una adicción, la adicción que causa en el organismo el azúcar de un pastel de chocolate que cuando bajan los niveles de glucosa en el cuerpo y los vuelve a necesitar, nos volcamos en otro pedazo de pastel para compensarlos. Esa es una arista de la dependencia física del cuerpo hacia los alimentos en una persona.

 

Y también está la dependencia emocional, aquella que es aún más difícil de controlar por que no es tan evidente y al no poder verla, ignoramos su existencia. La dependencia emocional a la comida es hambre de amor derivada principalmente de las 4 grandes heridas emocionales que vivimos durante nuestros primeros años de vida, (aquí te dejo el link para este artículo), por lo que los alimentos los convertimos en esos “padres encargados de nuestra alimentación emocional”, es decir, si durante la primera infancia (0 a 7 años aproximadamente) percibimos abandono, indiferencia, rechazo, abuso, desvalorización muy probablemente hayamos generado una dependencia emocional a por lo menos un alimento, mismo alimento que en su momento, calmaba la angustia y ansiedad de no sentirse amado, deseado, incluido. Al ser incapaces de construirnos un lugar seguro, respaldamos esa falta de “seguridad” en los alimentos.

Y por eso al privarnos de alguno de nuestros alimentos refugios, en realidad nos privamos de esa seguridad y contención emocional que interpretamos no haber tenido durante nuestra niñez.

En los adultos esta dependencia emocional a la comida puede derivar significativamente en síntomas de obesidad o sobrepeso y se puede atribuir al efecto de un conflicto vivido en la niñez que estaba latente (conflicto programante) pero que se desencadenó a partir de un conflicto similar durante esta etapa de adultez (conflicto desencadenante). Para esto me gustaría ahondar desde el punto de vista de la Biodescodificación, herramienta terapéutica que asocia un conflicto emocional a un síntoma o enfermedad.

Existe un concepto que se denomina Bioshock.  El Bioshock no es más que un conflicto emocional derivado de una experiencia de vida que se genera en una persona y que tiene que tener las siguientes características:

  • Haberse vivido en soledad
  • Inesperadamente
  • De manera dramática
  • Que no tuvo solución aparente y no se pudo expresar

Para ejemplificar este punto, una persona adulta puede haber tenido una relación “estable” con la comida o estar delgado y llegada cierta edad, se presenta la dependencia emocional o el sobrepeso. Tuve el caso de una chica que durante su primera infancia interpretó el cambio de locación de trabajo de su papá como un abandono, (porque no necesariamente tiene que ser real que el padre o madre la abandonaran, para su inconsciente se interpreta como abandono y se vive real). No fue sino hasta sus treinta cuando se divorcia de su esposo, vivido de igual manera como un abandono, que se detona la dependencia hacia la comida y el sobrepeso.

En este caso, el conflicto es el mismo: el abandono, primera herida emocional a la que somos vulnerables desde que somos pequeños, incluso desde que nacemos, pues desprendernos de nuestra madre implica un sentimiento de abandono. Ya sea que se presente un abandono físico o bien uno emocional, una persona que se percibe abandonada, se vive a través de una constante necesidad de “ser abrazado, tranquilizado, protegido, seguro”, que se solventa a través de la leche materna en los bebés y en los alimentos cuando somos adultos. Sentirnos abandonados tiende a tener grandes repercusiones: desconexión emocional en las relaciones interpersonales, pérdida de autoestima, un sentimiento continuo de desprotección o no pertenencia hacia un grupo o lugar, ira, desinterés y apatía por la vida. Lo más complejo es que la principal fuente de abandono en una persona con sobrepeso es el propio abandono que realiza para consigo mismo.

Y de ahí que al no poder procesar de manera eficiente esta herida en lo emocional y mental, busquemos cobijo con algo mucho más sencillo e inmediato que se vuelve una dependencia y que en este caso serían los alimentos.

 

La libertad ante esta dependencia comienza con la apertura y flexibilidad mental que te permita ver la posibilidad de que la dependencia emocional a los alimentos no es un acto de terquedad de seguir comiendo por comer o por que no quieres cambiar. Es la apertura a mirar que tiene todo un propósito intelectual y emocional que está atrapado en la inconsciencia y que hasta que no se mire, no va a ser posible transformarlo.

Una vez que te abres hacia esa posibilidad, lo siguiente sería observarlo para después poder “desarmarlo” y después ir reconstruyendo un nuevo circuito neuronal que le permita a tu cuerpo y a tu Ser, liberarse de esa dependencia física, emocional y mental que has hecho con relación a la comida.

No es el camino más corto. No es el camino más fácil porque te tienes que enfrentar quizá a tus más grandes miedos. Lo que sí te aseguro es que es el camino a largo plazo y el que te dará sustentabilidad emocional, mental, física y espiritual.

En la que luchar con la comida, contigo y con tu cuerpo se queda en solo una anécdota. En la que aprendes a amarte a ti y a la comida y en ese amor a ser libre de ella. En este camino, te puedo acompañar porque ya lo transité y porque sigo descubriéndolo.

¿Cuánto más te seguirás obsesionando o luchando con los alimentos?

¿Cuándo por fin te quieres sentir libre de la culpa por comerlos o no comerlos?

¿Cuándo te vas a dar la oportunidad de establecer una relación diferente con uno de los más grandes placeres en esta vida, que es comer?

Cuando estes list@ para hacer estos cambios, avísame te espero en el programa de Adiós Kilos con Amor para comenzar a ponerle pies y cabeza a este asunto. Y muy importante esto que te propongo no es la única posibilidad, es lo que a mi y a muchos bodylovers nos ha ayudado a sanar y sí definitivamente es una posibilidad diferente, un camino diferente para amistarte con los alimentos y sobre todo contigo mismo a la hora de relacionarte con ellos.

Si estás lista para trabajar en tu autoestima, tu confianza, en un plan de alimentación emocional y para recuperar tu poder interior 😉🦋❤ llámame al 998 2423974 ☎ o envíame un mensajito a www.amatucuerpo.com.mx al botón de contacto para que platiquemos sobre el mejor plan personalizado para ti.

Con amor,
Alma González

#UnActoDeAmorAlDía

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Whatsapp: 9982423974

 

 

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