“SOLO AMIGOS” relato erótico. Autor: Mariela Villegas R (México)

Este relato fue creado para su presentación en el libro Antología Mínima Erótica, número III de la Serie Delirios y Amores, escritos por su servidora. Sin embargo, lo he apartado para su distribución independiente, ya que me gustaría ofrecer al lector la oportunidad de absorber la esencia de la historia por sí sola. Ha sido modificado y extendido para su deleite. Les agradezco enormemente su apoyo a mi trabajo. Un gran beso y abrazos desde mi Mérida, Yucatán. Mariela Villegas R.

“Solo Amigos”

 “No se atrevió a refrenarse para callarme, así que gruñó e inició una cadencia brutal que exterminaría cualquier otra experiencia que hubiera tenido antes de esta”.   Mientras todos mis compañeros veían la película de terror que habíamos rentado para aquel viernes por la noche, mi mente solo podía concentrarse en su sonrisa sensual, varonil y pícara de dientes blancos y aperlados. Luke era mi mejor amigo desde que tenía memoria y lo adoraba. Habíamos estudiado juntos la primaria, secundaria y la prepa, y ahora que era toda una profesionista hecha y derecha, comunicóloga, para ser precisa, continuaba fiel a mi lado. Nunca fue del todo sencillo quererlo, puesto que su carácter cambiante e irreverente distaba mucho de ser afable. Le gustaba que su voluntad imperara por sobre la de cualquiera, era necio, un tanto soberbio y prepotente, y algunas veces resultaba tan ególatra que me daban ganas de azotarlo contra una pared. Sin embargo, compensaba todo aquello con detalles inesperados como mensajes de texto o llamadas cada que sospechaba que algo no marchaba del todo bien en mi vida, regalos originales en mis cumpleaños del tipo “hecho por uno mismo”  —siendo el más valioso una roca de río grisácea tomada de la primera vez que viajamos juntos a una cascada, que tenía grabadas sus iniciales—, y abrazos y besos espontáneos seguidos de exactamente tres segundos de silencio que en su idioma poco reconocido significaban: “no iré a ninguna parte”. Todo aquello era perfecto en su imperfección, a pesar de queesta noche estuviera en un punto bastante insoportable al verme obligada a contemplar a suestúpida sin sesos número cuarenta y cinco… y contando, sin poder chistar. Sentía que me asfixiaba o peor, que en cualquier momento me levantaría a ahorcarla si volvía a pronunciar otra palabra insulsa con esa voz chillona. ¿Por qué debía soportar sus estereotipos? No toleraba a la mujer. Me sacaba de mis casillas con más facilidad que un niño malcriado y latoso que cuestiona todo. ¿Qué es lo que le veía? Okey, de acuerdo. Era obvio. Ellaera muy delgada y de cuerpo espectacular, debía reconocer. Rubia platinada y bronceada, de ojos azules, abdomen sumamente plano, senos y glúteos firmes ymusculosos, y boca que causaría envidia a Angelina Jolie. ¡Todo un cliché! Y cómo le encantaban a Luke los clichés. Pero lo que le sobraba de hermosura física, le faltaba en intelecto o buen gusto.Llevaba puesto un vestido de flores con unos zapatos de tacón corrido en tono azul eléctrico y lápiz labial rojo. Más le valdría a mi amigo no dejarla salir sola a la calle o la “levantarían” por menos de tres dólares la hora. Reí en mis adentros. —Tres dólares es mucho —mofó mi subconsciente—, trata con uno cincuenta y le darás al clavo. —Solté una exhalación socarrona y Luke volteó de inmediato a callarme con la mirada. ¡Vaya que me conocía! Sabía que me estaba burlando de su muñeca de silicona.—¿Ocurre algo, Samantha?—me espetó elevando una ceja.—Nada. Disfruto de la comedia. Eso es todo. —Me mordí el labio para ocultar una mueca.—Pero si la película es de terror —murmuró la rubiecita. Le clavé las pupilas encendidas.—Gracias por la nota aclaratoria, Barbie.—¡Que linda! “Luky”, tu amiga me dijo Barbie, ¿ves? Sabía que no era tan desagradable después de todo —dijo en un gritito que me taladró los tímpanos. ¡Maldita neófita! Mi amigo frunció los labios para no carcajearse. Yo le contesté con una patada en la espinilla desde mi sitio.—¡Auch! —Se quejó, sobándose.—Te hablaron, “Luky” —escupí sin ánimo de seguir con la charada. Él besó a la chica en los labios —o más bien se la tragó—, y volvió a acomodarse en el asiento para continuar con la velada en calma. Cualquier respuesta que diera sería usada en su contra y era consciente de ello, por tanto, permaneció callado.Luke disfrutaba ser el amo y señor de sus mujeres. Como todo buen macho, detestaba que una chica lo retara o demostrara saber mucho más que él. Yo era una de esas chicas. Eso me convertía enla mejor de todas para entablar conversaciones extensas y sustanciales, aunque en la peor pareja del mundo, según su angosto criterio. Tal vez tenía cierto grado de razón. Mi lista de novios formales se limitaba a cinco integrantes que, entre ellos, no hacían uno que valiera la pena. Era una persona bastante solitaria y con el único hombre que me sentía realmente cómoda, era con Luke. Me hacía reír con sudelicioso sarcasmo y humor negro,y me consolaba en las penas con diligencia y certeza, aunque siempre termináramos discutiendo por quién daba los mejores y más objetivos argumentos. Uno de los temas que no podíamos tocar era la ideología política. Cuando las palabraspartido, capitalismo, socialismo, globalización o presidente se atravesaban en nuestro camino, lo mejor era desviar el barco a aguas más cálidas y menos profundas que tuvieran relación con el sexo. ¿Cómo le gusta hacer el amor a Luke?, o en su defecto, ¿cuánto tiempo lleva Samantha sin follar?Esa era su pregunta favorita debido a la amplia gama de chistes que podía hacer a mis expensas. No puedo decir que la mía también, ya que llevaba un período de sequía más largo de lo que me gustaba admitir. Ahora que éramos adultos, me parecía que su magnetismo me arrastraba cada día más hacia universos desconocidos. Sus interesantes planteamientos filosóficos y sueños, su gran corazón para con los desvalidos —a quienes ayudaba a través de su programa de radio, organizando recolectas de despensas, mantas o ropa—, y la magnificencia con la que exponía su vida a las críticas públicas, viéndolas con humor, me resultaban exquisitos. Me atraía tanto como el hierro al rayo, lo cual era muy inconveniente para nuestra amistad, así que melimitaba a admirarlo en la lejanía de mis pensamientos y dejar las cosas ser lo que eran, porque no quería perderlo. Moriría sin él. Aquella noche, Luke dejaría a Carly —la Barbie descerebrada—en su dormitorio de la fraternidad,y de paso me acompañaría a la casa que recién había adquirido con mis ahorros de toda la vida. Era el punto de encuentro de nuestras interminables y más relevantes tertulias. No deseaba irse a su departamento porque odiaba estar solo y Carly le había aplicado el gancho derecho deldesdén diciéndole que no le apetecía llevar las cosas a prisa. ¡Estúpida! Como si Luke no supiera que se había acostado con medio equipo de futbol americano de su campus. De hecho, una de las razones por las cuales la había elegido, era por la facilidad con que la conquistaría sin hacer esfuerzo alguno. Le había salido el tiro por la culata y eso me hizo sentir feliz, a pesar de que fuera a expensas de sus adoloridas pelotas. Aproveché a invitarlo a pasar y compartir una botella de vino o dos.Hicimos lo de siempre, charlar sobre nuestros encuentros amorosos no mutuos y compartirrisas. Así, ahí, me sentía a salvo de una muy extraña manera.—Deberíamos darle una medalla a aquel último tipo que se acostó contigo. ¿Cómo se llamaba? ¿“Daniel, jadeo como niña al correrme”? —Lo imitó magistralmente y me carcajeé—. Ese pobre incauto nunca imaginó ser el objeto de casi doscientoscomentarios malsanos y unos diez acosadores fetichistas en tu Facebook. Insisto en que también debiste subir ese video al Instagram.—Te recuerdo que fuiste quien robó el video de mi teléfono y lo subió a su cuenta de Facebook.—Detallitos insignificantes. —Enarcó ambas cejas con sorna, riendo de lado de manera pícara.—¿Podrías ser más desgraciado? —acribillé.—¿Es un reto? —siseó cual serpiente.—¡Oh, no, por favor! —repliqué con un bufido y seguí—. La que debería llevarse una medalla por tener sexo con él, soy yo. ¡Esa manera de moverse comovirgen de secundaria, era terrible!Me golpeó unas treinta veces contra la cabecera, sin mencionar el rodillazo que me pegó en la espinilla al acomodarse sobre mí.¡Fue una de las experiencias más horrendas de mi vida!—Y la repetiste minutos después —resopló con reproche.—¡Hey, moría de hambre! Llevaba demasiado tiempo en abstinencia y cualquier cosa era buena. No me molestaría que me llamara ahora. Estoy tan calienteque hasta al cajero del supermercado le guiñé el ojo.Fruncí los labios un tanto avergonzada y él lanzó una carcajada vibrante.—¡Qué asco! No tienes remedio. —Lo siento, pero no lo siento. ¡Necesito sexo! —chillé.—Lo que necesitas es un héroe, Sam. Alguien que te haga experimentar lo que es elevarse al infinito en varios orgasmos. Que te prenda hasta la última de las terminales nerviosas y te deje tan adolorida que no puedas andar en una semana.Su comentario sacudió mi vientre. No pude evitar imaginármelo siendo aquel héroe al que se refería. Desterré el pensamiento bebiendo un trago de mi copa de vino, inhalando el aire impregnado de incienso de coco que me encantaba.—Una semana, ¿eh? Al paso que voy, el primero que me tome es el que va a estar sin levantarse de la cama por un mes.Exagerado, pero real, reí.—Lo dudo. ¿Qué tan buena amante podría ser una socialista utópica como tú? —cuestionó para provocarme.—No voy a seguirte el juego, Luke.El alcohol comenzaba a elevar la temperatura de mi sangrey a alborotar mis latidos. Si le daba rienda a mis impulsos, iba a caer irremediablemente en elabismo sin fondo llamado “cruda moral port-coito con el mejor amigo”. Dejarme llevar por aquellos deseos estaba fuera de discusión.—Ese no es el tipo de jugarretas en las que me gustaría incluirte, hermosa.Esbozó una sonrisa de suficiencia y una nube rosa cubrió mis mejillas. ¿Por qué siempre hacía este tipo de comentarios en doble sentido que me humedecíany me hacían sentir tan proclive a joderlo todo? Demandé a mis sentidos que se controlaran para tener un poco de claridad.—Conozco bien tus “jugarretas” y distracciones, Luke.  Sueles describírmelas con bastante detalle.  —Negué con la cabeza y volteé los ojos.—Vamos, Sam. No te pongas celosa. Eres mejor que eso —me acarició muy suave la barbilla con las yemas de los dedos, resiguiéndome la quijada que se notaba tensa—. Ninguna de las mujeres con las que he estado, se compararían contigo. Eres la única que puede osar decir que la amo, nadie más.No me ames tanto y mejor tómame, gritó mi cerebro de forma instintiva. Ese enunciado suyo me transportó al único día en que nos atrevimos a hablar de “lo nuestro”. Habíamos ido a la playa con algunos compañeros de la preparatoria. Luke y yo nos caracterizábamos porque casi siempre estábamos alejados de los demás, incluso sentados junto a ellos. Podíamos guardar silencio prolongado por varios minutos sin necesidad de romperlo porque nos sentíamos a gusto en él, aunque también entablábamosconversaciones con miradas y gestos, cosa que nos divertía mucho puesto que únicamente nosotros las comprendíamos. Esa tarde, los chicos fueron al pueblo más cercano a comprar más alcohol y algo de comida, y él y yo comenzamos una partida de cartas bastante interesante. Luke me lanzó un reto. Aseguró que no me atrevería a apostar las prendas que llevaba puestas en diez manos de póker. Al principio no quise, porque sabía lo bueno que él era en las cartas, pero me animécuando me explicó que, de perder, también se desnudaría sin ningún problema. Las reglas eran simples: jugaríamos las diez partidas y, el que perdiera la mayoría, terminaría en cueros delante del otro. Me llevé la palma al vientre para disimular lo mucho que me excitaba esa proposición y, luego de un rato de meditarlo sin mucha consciencia, acepté.La batalla por las pieles dio inicio. Toda la experiencia fue erótica, desde la primera repartición de cartas hasta el veredicto final. Me la pasé juntando mucho los muslos por debajo de la mesa, sudando gracias a que mi temperatura corporal había ascendido de manera considerable, con el corazón acelerado, desbocado en cada latido al notar que comenzaba a perder. Al final, quedamos empatados y decidimos, por el bien común y por cuestiones de orgullo puro, desnudarnos ambos. Nos levantamos de las sillas, observando cada detalle de la anatomía del otro sin mostrar señales de vergüenza alguna. Las cervezas ya habían surtido cierto efecto en nuestras inhibiciones.Primero fue su turno, por mera cortesía de su parte. Se sacó la camiseta negra y me dejó vislumbrar su hermoso y fuerte pecho de proporciones exactas, ni tan fornido ni tan enclenque, con un rastro de incipiente vello que se iba acentuando en el camino hacia su miembro endurecido por debajo de los shorts. Mi boca salivaba y temblaba levemente. Él sonrió al percatarse de esto. Mi turno llegó. Me saqué la blusa que cubría mis voluptuosos senos aún tapados con el sostén del traje de baño de dos piezas. —No es justo —musitó enardecido, negando con la cabeza—. Estás mucho más tapada que yo.—La vida no es justa —seguí, bromeando.Proseguimos con el juego y se removió las sandalias, lo que me frustró por un instante. —Cobarde —dije viéndolo directo a los ojos, desatando las tiras que sujetaban la parte de arriba de mi bikini, liberando mis pechos de pezones erguidos. —Eso me gusta de ti, Sam. Atacas cuando deberías retirarte —rio y se bajó los shorts. Para mi gran asombro, no tenía bóxers, así que su erección quedó al aire. Mis pupilas se dilataron y, por pura cuestión de falso pudor, me sonrojé. Era divina. No tenía idea de cuánto podía medir, pero sin duda era sustanciosa. Me mordí el labio inferior y, sin más palabras, me saqué todo lo demás. La sorpresa de Luke me causó risa. Estaba babeando y tenía una pinta de felicidad que no podía con ella, lo cual me brindó total confianza. —¿Creíste que alguna vez me verías desnuda? —inquirí sintiendo como una gota de sudor se resbalaba por la hendidura entre mis senos. —Siempre. Era cuestión de tiempo —lamió las palabras con alevosía, listo para sobrepasar cualquier límite que nos hubiéramos puesto antes de eseencuentro. Nos acercamos pausadamente y Luke extendió una de sus manos para rozarme el pezón. Primero lo tocó con delicadeza y luego le dio tres pellizquitos que me hicieron dar un respingo. Seguí sus movimientos y deslicé mis dedos en su pecho hasta llegar al nacimiento de su duro pene, jugando con sus vellos. Soltó un gemido que atisbó mi fuego y lo imité sin querer. —Si deseas parar, este es el momento adecuado —advirtió. Una vez que cruzáramos la línea, no habría marcha atrás. —No veo porqué tendría que ser así —jadeé sensual. Nuestros pulmones se ensanchaban intentando tomar oxígeno, aunque este parecía inexistente.—Debo aclarar una cosa —comentó en tono más solemne.—Soy toda oídos. —Queda estrictamente prohibido que te enamores de mí.—¿Qué? —pregunté en un susurro. Me sacó del ensueño de golpe.—Escuchaste bien. Samantha, te quiero mucho, como no he querido a alguien más en la vida, pero te conozco. Eres demasiado sensible. Sé que algún día te enamorarás de mí y eso lo único que causaría sería que me alejara.¡Bastardo engreído! ¡¿Cómo se atrevía a decirme todo aquello?! Era una señal clara de que lo que estaba ocurriendo debía detenerse. Me sentí ofendida, dolida. ¡¿Quién diablos se creía para asumir que yo le amaría por encima de mí misma?! Una instantánea rabia me tomó como presa y repliqué.—No soy idiota, Luke. Jamás osaría prendarme de alguien como tú. He visto lo que haces con las mujeres. Las tratas como objetos desechables. ¿Crees en serio que algún día las palabras “te amo” saldrían de mi boca al referirme a ti?—¿Honestamente?—interrogó ladino.—¡Sí! —chillé enardecida.—Sí, lo creo —soltó con certeza—. Te adoro por tu rebeldía. No caigas en ese error, por favor —rogó menospreciándome. —No tienes idea de quién soy—jadeé tomando mis ropas, comenzando a ponérmelas—. Será mejor que recuerdes muy bien tus palabras, porque te juro que algún día te las vas a tragar y terminarás siendo quien me confiese que me ama.Salí de ahí justo cuando el auto de Miguel, uno de nuestros compañeros, se estacionaba. Me prendí de él y le di un extenso beso que duraría por el resto de la noche. A la mañana siguiente, cuando desperté, me encontré con una nota de Luke junto a mi cama que decía: “Fui un idiota, lo siento. Perdóname”. Y ese fue el fin de nuestro fallido intento por coger. Luego de ese día, jamás volví a acercarme a él con otra intención que no fuera la de ser su amiga. Estuve en lo correcto. Él me amaba, aunque no de la manera que hubiera deseado. Lo curioso es que él también había tenido su cuota de razón. Yo también lo adoraba profundamente, pero externarlo para alimentar su vanidad no era algo que me apeteciera. Lucía muy sexy con esa camiseta blanca de tela de algodón que se ajustaba a sus pectorales. Solía usar zapatos deportivos o mocasines modernos. Ante todo, prefería la comodidad. En cuanto al físico, era muy alto y de nariz perfilada. Su quijada fuerte le daba un aire de “chico malo”, más aún por la barba desordenada que apenas le comenzaba a salir.—Gracias por tanto cariño.—Le guiñé el ojo y fingí una sonrisa—. Si fueras un verdadero amigo, terminarías con mi miseria.¡Diablos! ¿En verdad había dicho eso? La sangre se me subió al rostro, ruborizándome. Se percató de esto y aprovechó para hacerte sentir lo más incómoda posible. Una de sus tretas predilectas.—Así que, ¿te gustaría probar un poco de lo que tengo para ofrecer? —Se puso de pie y se aproximó. Las piernas comenzaron a flaquearme y tragué saliva. Su cercanía me ponía muynerviosa. El poder que tenía sobre mí era inmenso. Quedó a centímetros de mis labios para después rozar la punta de la nariz en mi cuello. Me ericé y solté un leve quejido. Él me olisqueó sin pudor.—Tu aroma es intoxicante.—Luke… —gemí.Regresó a mis labios, insertando sus pupilas penetrantes en mi faz. Justo cuando me acercaba lo suficiente para sentir la suavidad de su boca, se separó de golpe y dejó salir unacarcajada.—¡Guau, Sam! ¡Vaya que te urge un hombre! ¡Mira que considerar follarme solo porque no tienes otra opción! —rio—. Eresun blanco fácil para cualquier cabrón en este momento. Te aconsejaría que te quedaras en casa hasta nuevo aviso —siseó muy divertido.Quise asesinarlo.—¡Tú eres el cabrón! —me paré y le empujé hasta tirarle en el mueble de piel negro de mi sala. Me dirigí al refrigerador y abrí la segunda botella de vino, lanzandoel corcho en el lavabo, furiosa.—Nunca lo he negado. —Se encogió de hombros.—¡Cállate!—No te pongas así, hermosa. Siempre hacemos esto y no te molestas.—Estoy cansada, Luke. Será mejor que te vayas a casa.Empiné la botella, bebiendoun cuarto de su contenido de golpe. Quería olvidar todo aquel embarazoso asunto.—¿No estarás considerandodejarme solo? Sabes que no lo tolero. Dormiré en tu sofá.Mañana estarás matando porque te cocine unos panqueques.—Es en serio, Luke. Necesito que te vayas —ordené. Mis ojos se ennegrecieron. La sangre me ardía por la rabia contenida durante tanto tiempo. Un poco más e iba a explotar, por eso debía alejarme y alejarlo lo más pronto posible.—Samantha, por favor, perdóname. No fue mi intenciónofenderte.Trató de abrazarme con fuerza y volví a empujarlo. —¡Que te largues!, he dicho.—¿Cuál es tu problema? —exclamó—. En serio urge que te cojan, mujer. O tal vez estás en tu periodo y por eso andas más sensible que nunca. Sentí como las palabras se agolpaban en mi boca sin poder detenerlas.—¡A la mierda contigo, bastardo! ¡Eres insufrible, Luke Middleton! —Sam, no me iré antes deque te calmes. ¿Qué mierda te ocurre?—¡Te necesito a ti, maldita sea! ¡Te deseo a ti! ¡¿Cómo es posible que después de todos estos años no te des cuenta?! ¡Estúpido insensible! Lo que tienes de inteligencia se cae por la borda cuando se trata de amor. ¡Tus relaciones son tan patéticas como tú, y ni hablar de las zorras con las que andas! Tienes terror de estar con una mujer verdadera y por eso te reduces a una piltrafa.La verborrea me había tomado como su presa y la dejaría fluir. Luke me miraba fijo con los ojos desorbitados. Todavía no asimilaba lo que sucedía. Permaneció en silencio durantevarios minutos y después logró decir:—Tienes razón, es mejor que me vaya. —Tomó su abrigo y abrió la puerta para salir. No me podía quedar así. Esta vez no sería él quien pondría punto final a una discusión.Lo seguí en tres pasos, tomándolo del brazo para detenerlo. La calle estaba desierta. Eran casi las cuatro de la mañana.—¿Me dejarás así? ¡Claro! No es raro que des la espalda a lo que te incomoda.—Guárdate tus opiniones para ti. No estás siendo coherente,Sam. Es el alcohol el que habla —despreció.—¿Por qué te empeñas en rechazarme? ¿Acaso no soy mujer suficiente para ti y tus pretensiones? —interrogué sin dimitir el furor.—¡Eres demasiada mujer para cualquiera! —gritó sulfurado—. Hablas de mis relaciones como algo patético y no miras lo que hay detrás de ti. ¡No duras más de unos meses con ningún hombre porque es imposible seguirte el paso! ¡Te fascina retarlos, manejarlos y sacarles hasta la última gota de paciencia! ¡No soy uno de tus pusilánimes amiguitos!Estás equivocada si piensas que permitiré que me manipules con tus caprichos de niña mimada. Nada de lo que hagas me interesa. Sigue con tu vida y déjame vivir la mía como me plazca. Se volteó hacia el auto. Volví a prenderme de su brazo y lo forcé a mirarme.—Si no te interesa lo que hago ¿por qué sacaste de tu departamento a John cuando era mi novio? ¿Por qué cada vez que me ves con alguien, te nace la urgencia de estar conmigo y acaparar mi atención con tus relatos de fallidos intentos para tener una pareja sustancial, llorando porque una de tus descerebradas resultó más astuta que tú y huyó cuando debía?Sus ojos se enrojecieron de cólera.—¡Jamás he hecho tal cosa! —Agachó el rostro por unos segundos.—¡Claro que sí! Lloraste cuando Rizzo te abandonó y me suplicaste que durmiera en tu departamento y te abrazara durante toda la noche como bebé desamparado —escupí con desdén.—¡Estaba totalmente ebrio! No cuenta —justificó sin éxito.—¡Eso es lo más tonto que me hayas dicho jamás! Y no has respondido a mi pregunta. Si no quieres nada conmigo, ¿por qué sigues buscándome? ¿Por qué me la haces pasar tan mal con comentarios altisonantes sobre cualquier cosa que me interese y que no apruebes?—No voy a responder a eso. —Se zafó de mis manos.—¡Luke, dime! Lo exijo. De todos modos, será la última vez que volverás a tenerme de frente. Dime, ¿por qué?—¡Porque te amo! —gruñó dejándome atónita—. ¡Mierda! ¡¿Estás satisfecha?! —gritó estrellando un puño contra el capóde su auto. Se aferró a la manija de la puerta del Accord plateadocon una mano, llevándose la otra al cabello lacio y negro. Bajó el rostro, plagado de frustración, como si lo que me había confesado significara su perdición. Me quedé boquiabierta y muerta de frío, sin dar crédito a lo que oí. Llevaba solo una sport negra y mis vaqueros de mezclilla favoritos y entallados, sin zapatos. Me congelaba. —No es necesario darme por mi lado —murmuré. Ya no tenía fuerza para discutir. Me había desarmado.—¡Ah, mierda! —Soltó una poderosa exhalación—. Hazme el favor de cerrar el pico, señorita “sabelotodo”.Se alejó del automóvil y me encaró con lujuria. El corazón se me subió al pecho. Nunca me había mirado con tal lascivia. Me tomó de los hombros, empujándome hasta aprisionarme contra la reja que dividía mi casa de la calle. Estampó sus labios ardientes en los míos, acallando mis ansias. Su lengua se abrió camino en mi boca, dibujando círculos intensos y húmedos cuyas réplicas se escurrían hasta mi vagina, humectándola. Sus besos eran apremiantes y desquiciados. Prendió sus dedos en mi mandíbula y me forzó a verle.—¡¿Esto es lo que querías?! ¡Te lo daré todo! Ya nadie te puede salvar.—¿Me escuchas pidiendo auxilio? —gemí. Me mordió el labio inferior y lo lamió. Degusté su lengua, enredándola con la mía en más besos dementes. Nuestros recovecos se amoldaban bien. Sin necesidad de guiarnos, succionábamos el néctar que desprendíamos y lo bebíamos. Aparentábamos haber nacido para esto, rasguñándonos las espaldas, jadeando. Sus manos se movían sin sentido, apresuradas por tocarme y percibirme en pleno, por grabar en ellas hasta el más mínimo rincón de mi organismo.Yo no actuaba de manera más coherente. Tenía demasiada urgencia de su persona. Las luces de un auto nos alumbraron y él se detuvo lo suficiente para mirarme y percatarse de que nos encontrábamos al descubierto, en plena calle. Sus pupilas se dirigieron a mi cara para examinarla, y los dos supimos que nada nos frenaría esta vez. Ni siquiera el hecho de que alguna patrulla de policía nos pudiera pillar. Sin apartarse mucho de mí, me llevo hacia un costado de la casa, donde había un pequeño terreno baldío, aunque tampoco estaba escondido. Sin cuidado alguno, continuó besándome. Eran demasiados años de pasión ocultadesatándose en unos minutos. Me besaba el cuello, enredando una de sus manos en mi larga cabellera, aferrando la otra a uno de mis senos por encima de mi blusa. Mi respiración se tornó pesada y me faltaba el aire, pero quería perderme en la locura que suponía la calidez de su piel en la mía. Empujaba sus caderas contra mi vientre, haciéndome sentir el esplendor de su erección. Su miembro firme y vigoroso pulsaba. Mi vagina le hacía eco, desconectando mi cerebro de cualquier otra cosa que estuviera pensando. —No sabes por cuánto tiempo te deseé, Sam —susurró—. Mis labios siempre han anheladopaladearte. Eres tan deliciosa como imaginé las cientos de veces que me masturbé por ti, por la maravilla de tu figura torneada, por esa belleza sensual que escondes en cada gesto, en cada acción.Mi corazón se saltó un latido.—Yo también te deseé desde el principio —plañí encantada.—Dudo que tengas una idea de lo sexy que eres, mujer. Dudo que comprendas cuántas veces hiciste que se me parara el miembro con una mirada. Dudo que entiendas la extensión de mi locura, del peligro que radica en ella; de lo innegable que puede resultar sobre tu piel de seda.—¡Ah, Luke! —gemí y continué besándolo. No podía hablar más. Mi amigo introdujo la mano entre mis jeans para aferrarse a mi trasero. De ahí, se escurrió a mi sexo y, cuando sintió la potencia de mi humedad, sonrió con pecaminosidad.—Estás sumamente mojada —siseó—. Me alegra tanto que nadie te haya penetrado en este tiempo. No podía soportar que un estúpido más te pusiera un dedo encima —señaló en lo que se preparaba para darme placer. Sacó la palma humectada, la lamió con deleite y volvió a meterla, esta ocasión por delante. Introdujo el índice en mi hendidura, jactándose de mi estrechez mientras su pulgar presionaba mi clítoris en círculos pequeños y poderosos, empujándome al clímax prematuro. Su falta de inhibición me atrapada el alma, causando un corto circuito en mi sistema, deshaciéndome en su brioso agarre.  —Vamos, preciosa. Suéltate más, sé que puedes —murmuró redoblando sus esfuerzos—. Me lo has dicho. Me has descrito lo que te gusta y lo tendrás todo esta noche.—Voy a correrme, Luke —chillé sin control. No podía amedrentar el calor que emanaba mi entrepierna. Sentía que hervía.—Eso es justo lo que deseo —continuó ansioso, observando mi rostro desdibujarse en placer. El riesgo de que alguien saliera y nos viera, solo añadía más intensidad a nuestro delirio. —Luke, ¡oh, por Dios!—Ven, córrete en mi mano para que después te pruebes. Eres exquisita. —Rozaba las paredes de mi vagina con vehemencia y no soltaba mi seno, tirando de mi pezón de manera desenfrenada. Metió y sacó uno, dos, varios dedos, hasta hacerme perder la razón, deteniéndose cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, torturándome. —Dime lo que quieres. ¿Deseas terminar? ¿Quieres venirte?—Sí, quiero venirme. Quiero correrme, por favor.Con mi líquido lubricando su palma, dio un golpecito a mi clítoris e insertó tres dedos en mí, sacudiéndolos sin mesura. Me dejé ir en un clímax poco delicado e increíble que le apretó con sus convulsiones. Mis piernas flaquearon. Pensé que caería, pero me sostuvo con fuerza entre sus enormes brazos. Creí estúpidamente que ya habríamos terminado este encuentro, que querría irse de inmediato luego de aquello, pero fue todo lo contrario.Hizo lo pactado, se bebió mi esencia y me la dio a probar.—Sabes dulce, muy dulce —me besó. Mis pezones estaban muy duros, ávidos por sus lametazos. Me sujetó de la nuca, profundizando el enlace de nuestras bocas.—Si quieres irte ya, entenderé… —logré formular cuando se separó lo suficiente de mí. Rio y volvió a besarme.—¿Y qué hay de mí? ¿No pensarás que me dejarás con este problema? —Tomó mi mano y la colocó en su erección, que ganabafuror. Le desabroché los pantalones y descendí para sentir la suavidad de la piel que rodeaba su miembro viril. Por supuesto, no llevaba bóxers. Una pareja pasó junto a nosotros caminando. Al percatarse de lo que ocurría, nos miraron con recelo y vergüenza. Sonreímos descarados y el fuego de Luke se avivó. Esto era lo prohibido, y no existía cosa mejor que degustar al cien por ciento lo prohibido. De un zarpazo, me bajó la blusa y el sostén, dejando mis senos rosados al descubierto, al mismo tiempo que rompía el botón de mis jeans para quitarlos de su camino. La pareja se asustó y aceleró el paso para salir de ahí. Reímos. Ya sin la molestia de mis vaqueros, sentí su sexo glorioso en mi estómago y supe lo que debía hacer. Era hora de corresponderle. Le quité la camisa y serpenteé por su abdomen hasta dar con su virilidad. —Mi turno —siseérelamiéndome. Pasé la lengua por la punta, absorbiendo su lubricación. Examiné su pene con detenimiento, grabando en mis papilas gustativas su textura, su sapiencia. Poco a poco, casi al punto de la agonía, lo introduje completo en mi boca hasta abrasarlo con mi calidez. Jadeófuerte y sujetó mi cabello hasta que dolió. No me molestaba la presión que ejercía sobre mí. Mi necesidad de ser dominada por él era apremiante. Succioné una, dos, tres, diez veces, y luego lo estrujé entre mis pechos, observando sus gesticulaciones desesperadas. Me miró a los ojos y me reconocí en ellos, con la certeza de que sabía a quién veía, de que estaba consciente de quién lo estaba cautivando y a quién cautivaba.—Deseo sentirte ya. Quiero cogerte, hermosa.Me levantó de súbito,haciendo que me inclinara hacia adelante para dejar mi trasero a su merced. Se agachó para morderme las nalgas y dar varios besos a mi vagina, moviéndose de arriba abajo sin dejar un punto libre de su saliva. Tomándome de los hombros, se empujó con todo en mis adentros, robándome un grito que hizo eco en la soledad de la calle. Se percibía tan duro que me enajenaba. No se atrevió a refrenarse para callarme, así que gruñó e inició una cadencia brutal que exterminaría cualquier otra experiencia que hubiera tenido antes de esta. Me penetraba pausadamente, pero con fiereza, como un animal que reclamaba su territorio. Jaló mi cabello y me mordió el cuello por debajo de la oreja. Al notar que me desvanecía, me soltó y preguntó:—¿Has tenido suficiente?—No —gemí—. Por favor, no pares. No pares.Metió y sacó su erección una y otra vez, llegando muy profundo, donde nadie más se había atrevido a llegar. Mis glúteos golpeteaban contra su abdomen y halaba con más vigor mi cabellera, enloqueciéndome.—Tienes las nalgas firmes y deliciosas. Me encantan. Toda tú eres impresionante, Samantha. —Descargó un golpecito en ellas. Lo animé a continuar con otros más. Me fascinaba su potencia exacta. Escocía, pero la adoraba.  —Sigue follándome, por favor. Sigue —supliqué. Sentía el peso de su cuerpo en mi espalda. El frío se evaporó en lo caliente de nuestro erotismo. —Voy a vaciarme en tu precioso trasero, Sam, aunqueantes quiero que termines, que me empapes de ti. Anhelo llevarte conmigo.Llenó de besos mi espalda y llevó su mano a mi clítoris, pellizcándolo entre sus dedos sin piedad. Pronto, más pronto de lo que esperaba, exploté en un orgasmo cuyas secuelas se perpetuarían en mi anatomía por siempre. Él se corrió casi al mismo tiempo que yo, gritando mi nombre sin poder evitarlo. Lento, pausado, salió de mí y tomó su camisa para limpiarme. Se erizó porque el frío comenzó a meterse de nuevo en sus poros debido a la falta de mi cercanía. Lo abracé y besé, temiendo que quisieraescapar de mí definitivamente. Lo conocía bien. Cualquier tipo de compromiso era una tortura para él. Inhalé su aroma a madera y cítricos, apoyando la cabeza en su hombro. Permaneció inmóvil unos instantes que me parecieron durar demasiado. Tiró su camisa al basurero e inhaló un poco de oxígeno. Me volvía loca la idea de nunca volver a verlo, pero debía dejarlo libre para saber si en realidad era mío, así que lo solté, imaginando que volaría hacia la nada, ahí donde no podría alcanzarlo, en la crueldad de su eterna soledad. Lo miré unos segundos y noté que se desconectó de mí. Sí, lo había perdido. Me giré en redondo y caminé hacia la entrada de la casa. —Te quiero. No importa que suceda, siempre te querré —dije en un murmullo. Trabó la mandíbula, guardándose palabras que no quería pronunciar.  Lo besé y entré a mi hogar, sintiéndome todavía mareada y excitada por nuestro encuentro. Aguardé un segundo para ver si su cobardía dimitía y me seguía para quedarse, pero arrancó el auto y salió volando de ahí. Me acosté en el sofá, desnuda, llorando mares hasta que quedé profundamente dormida, sintiéndome de lo más estúpida. ¿En realidad esperaba que cambiara sus modos de un día para el otro? Sí, lo hacía. Sin embargo,este cuento no tendría un final feliz para ninguno de los dos.Al día siguiente, me despertó el golpeteo contundente de la puerta. Me desperecé, colocándome una bata para abrir. Llovía a raudales afuera. Me pregunté quién demonios podía estarme buscando bajo el torrencial, aún entristecida y con unas resaca moral que me despedazaba el corazón. Giré la perilla y lo vi. Tenía los ojos hinchados y un brillo de angustia desdibujando su precioso rostro. Sus palmas se encontrabanposadas en el marco y su hermoso cabello negro caía revuelto en sus costados. Estaba empapado.—¡Luke! ¡Vas a enfermarte!—regañé, aunque mi corazón delataba con cada latido la emoción que me embargaba altenerlo frente a mí—. ¿Qué haces aquí? —cuestioné haciéndome a un lado para que pasara. No se movió. Siguió quieto como estatua de mármol, divino e inalcanzable.—¡Entra, por todos los cielos! —clamé desesperada. Me preocupaba que pudiera resfriarse. Cuando se enfermaba era un niño berrinchudo, insoportable y llorón. Al primer estornudo, casi, casi llamaba al notario para hacer su testamento. —No puedo pasar sin que antes me asegures que, cruzando este umbral, no te alejarás nunca de mi lado —pidió angustiado. Sonreí y el corazón se desentendió del resto de mi cuerpo, desbocándose en sonoros latidos. —¿Creías que podrías deshacerte tan fácilmente de mí? No sabes ni siquiera deletrear tu nombre si no estoy para ayudarte, tonto. —¿Lo juras?—Por siempre y para siempre, mi amor. Me lancé a sus brazos, sintiendo las gotas de lluvia derramarse en todo mi organismo. Me besó en los labios, la frente y las mejillas con absoluta devoción. Me cargó y me metió hasta la habitación, colocándome con dulzura en la cama. Abrió el lazo de mi bata y la quitó de su camino para contemplarme, perplejo.—Eres increíblemente hermosa —susurró encantado.—Lo dices porque me amas—. Levanté una ceja, ya sin miedo a que se echara para atrás. Su retorno significaba solo una cosa: estaba dispuesto a dar todo por nosotros. —Exactamente. —Besó mi abdomen y lamió mis senos, y comencé a reír.—¿Qué te causa tanta gracia? —espetó con una risilla torcida.—Deberían darme una medalla por acostarme con el tipo de ayer.  Creo que su nombre era “Luke, tardo un siglo en decidirme a cogerte” —burlé descarada.—Técnicamente, nunca te “acostaste” con él. Es un buen tipo. Deberías darle la oportunidad de hacerte feliz.—¿Crees? —pregunté sonriente.—Es el único que podría hacerlo porque te adora como nadie. De hecho, me confesó que tiene deseos de casarse contigo…Frené la risa de súbito y analicé sus gestos. No mentía. —Eso lo hablaré con él cuando llegue el momento oportuno. —Me puse nerviosa, aunque acaricié su mejilla y negué con la cabeza—. Es un loco. No piensa cuando se siente dichoso.—Justo por eso. Por primera vez en la vida, es en verdad dichoso y no te soltará. Me lo ha advertido.—Bien. De acuerdo, si no le molesta la idea de tener tantos hijos como para formar un equipo de futbol.—¿Bromeas? ¡Es lo que el bastardo ha anhelado desde que nació!Me besó la barbilla y nos perdimos de nuevo en la pasión desenfrenada de nuestros cuerpos hambrientos, hasta donde lo permitiera el tiempo y la única verdad que ambos hubiéramos conocido: el universo conspira a favor de los verdaderos amantes, por siempre y para siempre.  

FIN 

Mi nombre es Mariela Villegas Rivero. Soy escritora mexicana. Nací el 29 de enero de 1983. Estudié Licenciatura en Lenguas Modernas y ahora trabajo como maestra de una escuela secundaria en mi ciudad natal, Mérida, Yucatán. A diferencia de muchas autoras que he conocido, yo no empecé el trayecto a la palabra escrita devorando libros. Buscaba un lugar en el mundo, un propósito, y este apareció de súbito a mis veintisiete años con mi primera historia, Luna Llena. En estos años, me he dado a conocer alrededor de mundo a través de las redes sociales y diversos medios de comunicación. He sido entrevistada en los programas de radio por internet, Café entre Libros y Conociendo a Autores, de la Universal Radio, La Hora Romántica de Divinas Lectoras con Cecilia Pérez y Revista Radio de las Artes, de Diana Ríos. Mi obra de poemas Mujer de Fuego fue homenajeada por la radio argentina Alma en Radio en febrero de 2015. Llevo hasta ahora más 50 libros publicados de forma independiente, impresos y digitales, y un premio literario por mi novela Noche de Brujas (Premio III Plumas de Pasión por la Novela Romántica, a la mejor novela de Romance Paranormal y Romance Young Adult 2014, España). Soy autodidacta y siempre he pensado que la inmortalidad se puede alcanzar mediante la trascendencia de nuestras ideas. Mi legado son mis historias, y si gustan conocerme, solo tienen que leerlas. 

BIBLIOGRAFÍA: 

—Serie Lunas Vampíricas (romance paranormal):

1) Luna Llena 2) Cuarto Creciente 3) Cuarto Menguante y 4) Luna Negra, Lunas Vampíricas más allá de los siglos (que se puede leer de forma independiente a las demás, o en conjunto).

—Saga Noche de Brujas (romance paranormal):

1) Noche de Brujas 2) Crónicas de Sombras 3) Crónicas de Sangre 4) Crónicas Inmortales.

—Trilogía Espectral (romance paranormal):

1) El Ángel de las Sombras 2) El Ángel de Fuego 3) El Ángel de Hielo.

—Leyendas Prohibidas (romance paranormal). 

—Los Hombres de mi Vida (romance erótico contemporáneo). 

—Mujer de Fuego, poemas y pensamientos.

—Alma Inmortal (romance paranormal). 

—Hoy el Aire Huele a Ti (novela erótica). 

—Bilogía Pasiones Oscuras (novelas eróticas): 1) Pasiones Oscuras 2) Pasiones Indomables.

—Serie Delirios y Amores (microcuentos y relatos): 

1) 50 Suspiros y 3 Pasiones, 2) 50 Suspiros y Un Pecado, 3) Antología Mínima Erótica y 4) Deseos Indistintos, de la cual se desprende una mini serie de relatos independientes del mismo nombre: 1) De Ella, 2) Ikal—Chakte, Historia de un Inmortal y 3) Tú, mi Luna.

—Solo Amigos (relato de romance erótico).

—Realidades Fantásticas (libro didáctico de fomento a la lectura para adolescentes).

—Descubriendo a Shane (novela de romance lesboerótico)

—Suspiros de Terror (microrrelatos de suspenso, horror y thriller psicológico).

—Corazón al Descubierto, Poemas de Amor y Desamor (poemario en verso y prosa).

—Nuestro Cielo (relato largo de romance erótico).

—Frenesí. Antología Erótica (dos relatos eróticos de Navidad).

—Serie Lunas Vampíricas, Edición Especial Completa.

—Saga Noche de Brujas, Edición Especial Completa.

—Trilogía Espectral, Edición Especial Completa.

—Bilogía Pasiones Oscuras, Edición Especial Completa. 

—Historias de Seducción, Compilación Erótica (2 novelas cortas y 3 relatos, “Cómplices”, “Los Hombres de mi Vida”, “Nuestro Cielo”, “Hoy el “Aire Huele a Ti” y “Solo Amigos”).

—Historias Inmortales, Compilación Paranormal (3 novelas y 2 relatos).

—Cuestión de Piel, thriller erótico psicológico.

—Corona de Rosas, Compilación de Poesía (2 libros de poemas).

—La Mano del Destino, novela de romance paranormal futurista.

—Lunas Vampíricas, Más Allá de los Siglos (compilación de dos libros paranormales: Luna Negra y su spinn off La Mano del Destino). 

Para contactar a la autora:

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